martes, 16 de diciembre de 2008

PINOSO




Por Ramón Fernández Palmeral



Situación

El término municipal de Pinoso o El Pinós, en valenciano, se encuentra situado en el Medio Vinalopó, al Oeste de la provincia de Alicante, limitando con la provincia de Murcia. Tiene una extensión de 126,9 klm2. Tiene 7.072 habitantes en 2005. Su gentilico es pinoseros. Dista 55 kilómetros de Alicante. Su principal vía de comunicación es la CV-83. Situado a unos 574 metros de altitud sobre el nivel del mar de Alicante. Lo integran diez pedanías: Caballusa, Casas Ibáñez, Casas del Pino, Culebrón, Encebras, Lel, Paredón, Rodriguillo, Tres Fuentes y Ubeda.

El Monte Coto es un lugar protegido por el impacto ambiental de las canteras, rodeada de una masa arbórea (pinos, galeras, encinas, etc) se encuentra el Aula de la Naturaleza, oasis de calma y tranquilidad en contacto con el Medio Ambiente, donde puede pasar unas horas deleitándose de un clima seco, de un aire sano producto del valle en se ubica rodeado de montañas (Cabezo, Carche, Sierra de la Pila, Sierra de Salinas). Cuida el medio ambiente y tiene repoblada el 30% de su superficie. Es rico en diversidad botánica, y fauna silvestre, existen planes de recuperación de canteras.

Su actividad económica se centra en la industria del mármol, en el Monte Coto se encuentra el mayor yacimiento de España de calizas marmóreas. Otras actividades son el calzado, la industria del vino, aceites y alimentarias.




Historia

El origen de la localidad es incierto. Durante la dominación romana mostraron su predilección por esta tierra, en la que la agricultura daba abundancia de alimentos y vinos. En la época musulmana Pinoso era un grupo de caseríos dispersos. Como estipulaba el tratado de Almizra (1244), esta zona de la provincia de Alicante pasó a formar parte de la Corona de Castilla a mediados del siglo XIII. En 1296 Jaime II de Aragón se anexionó la comarca a la que pertenecía Pinoso al reino de Aragón y Reino de Valencia. En aquella época recibía el nombre de "Casas de la Costa", hasta 1773, en que recibe su nombre actual de Pinoso. El 12 de febrero de 1828 el rey Felipe VII otorgó a la localidad el título de Villazgo o Villa Real, y se segrega de Monóvar en 1826.

La iglesia parroquial dedicada a San Pedro Apóstol, se construyó en 1743. No tiene castillo.

César Pérez Pérez es investigador de la historia de Pinoso.



Servicios

Posee todos los servicios propios de una pequeña ciudad.

Tiene varias asociaciones, una de las que me llama la atención, como pintor que me tengo, es la de la Asociación de Pintores Pinosart, son muy activos. Existe también la Asociación de Amas de Casa. La Casa de Cultura. Casa del Vino. La Mostra de la Cuina de Pinós la última semana de febrero con una oferta variada de menús en diferentes restaurantes del municipio. Certamen de Poesía “Maxi Banegas”. Festival bianual Internacional de Folklore.

Varias instalaciones deportivas, fútbol, tenis y sobre todo kárate.

Gastronomía. La “cuina” de Pinoso tiene fama nacional y en la zona del Vinalopó, sobre todo “el arroz al estilo Pinoso” con leña. El plato estrella es el arroz en su variedades, bien de verduras, conejo de campo, o conejo con arroz, y el gazpacho con caracoles. Uno de los restaurante más famosos es La Hacienda que regenta Paco Gandía y su mujer Fina Navarro, recojo un comentario en “La Verdad” de un periodista que firma J.M.G. “…cuando Paco sale de la cocina y deja la paellera en la mesa, es tal el rastro oloroso, el cromatismo, el grano suelto, la textura y la sensualidad del sabor que apetece saltarse las reglas de urbanidad, chupar los caracoles serranos y coger con los dedos los higadillos y los brazuelos del conejo de monte…” Escribir sobre gastronomía es un bello cacarear desde el gallinero de la literatura, porque la literatura no cambia nada, pero quien tiene el mérito real es quien hace arte de los más nobles elementos que da la tierra y el campo nos facilita. También están los restaurantes: Alfonso, El timón, Encebras o La Civa Gigant, y la de las pedanías como Culebrón y Casa Eduardo.

Famosos son sus vinos: tinto Fondillón Gran Reserva, y el tinto Monastrell. Ladera de Pinoso tiene crianza El Sequéy si le faltara vino. cerca, muy cerca, en el límite invisible de la provincia de Murcia anda Jumilla, la monumental. .

Posee la página web Pinoso Digital, dirigida por Jesús Berenguer, que nos informa diariamente de lo que pasa en Pinoso y en sus pedanías.

Radio Pinoso emite por la frecuencia 107.8 Mhz.


Fiestas

Las Fiestas Patronales se celebran en honor de la Virgen del Remedio del 1 al 8 de agosto. El Día del Villazgo el 12 febrero, Carnavales o Santa Catalina. En la Semana Santa muestra una gran riqueza en imaginería y cuidado, sobre todo con los desfiles de centurias romanas, muy parecidas a la de Cartagena o Murcia.




SINGLADURA



El Fondó y Culebrón

Salí de Alicante sobre las 10 de la mañana del sábado 22 de abril 2006, era una mañana de desabrida calma, nublada, tonta como un invierno impertinente que no se quiere ir sin dejar sus tarjetas de visitas. Como de costumbre tomé mi ya domada y dócil autovía A-31, tigre dormido, llegué hasta el desvío de Elda, y, con un volantazo me desvié primero a la derecha, pasé por debajo del viaducto, y en la rotonda a la izquierda hacia Monóvar, porque tenía que hacer algunos encargos que me quedaron de mi anterior del viaje. Luego crucé Monóvar y llegué a las rotondas, a la de las “Dos cubas”, y tomé el camino de Pinoso por al CV-83. En cuento vi el letrero de Hondón, entré en esta pedanía situada a un kilómetro de distancia, en realidad se llama El Fondó, en valenciano, pertenece a Monóvar, nos lo indica unos azulejos nominales en un muro de situación pintado en ocre rojizo con voladizo de tejas. Hice unas fotos panorámicas, la vista se pierde en una llanura, entre viñas niñas que quieren fingir ser parras adultas, algún machón de verdinegros olivos, algún encinar y pinos, porque esto es la hacienda de los pinos centenarios. Pero las viñas, esas que en el verano sus uvas regalarán, tupidas en entre pámpanos, “las viñas infinitas en la llanura…” como ya escribiera Azorín en La Voluntad, siempre los campos a los pueblos salvarán.

Llegué a la ermita de El Fondó, pequeña, sola y encarnecida, aparece reforzada con contrafuertes, luego, dejando rodar al coche a su antojo, encontré un pino centenario rodeados de grava en el suelo, cuatro macetones y unos asientos que recuerdan la existencia próxima del hombre jardinero, amante del detalle, aquí crece sobre su propia sombra, se traga el cielo, testifica como un testigo del tiempo. Por aquí, en estos llanos, situan el aeródromo de Monóvar (Base Dakar) del que salió el 7 de marzo de 1939 el doctor Negrín, La Pasionaria y Rafael Alberti... A la derecha veo un grupo de casas, unidas por sus paredes, abrazadas, es una de las pedanías más tranquilas y de más amplitud que me recuerda La Mancha. El primero en saludarme fue un perro enano color canela o color vino, se acercó a olerme los pies y comprobar que yo no era de su confianza. Al ruido de motor de mi coche, que era el único ruido perturbador de esa mañana, me recibió un hombre entrado en años, con el que estuve hablando, haciéndome amigo para dilatar la conversación. Le dije que me gustaba mucho ver tanta amplitud, tanto llano, rodeado de viñas nuevas, yo era un viajero en el tiempo, y él no me entendió. Pero me estuvo explicando con el dedo extendido, señalando con orgullo de que casi todas las tierras de por allí, que eran de su propiedad, desde la oliveras que se inicia el verde de unos lejanos oteros, situados al norte, hasta el fondo del azul con niebla donde se mueven nerviosos unos peones labradores.

-¿Estas viñas parecen nuevas? –pregunté con cierta sorpresa.

-Sí esas las ha plantado uno la Cañada..., allí, donde está la balsa, el solar era de mi propiedad y me pagaron 400 pesetas por el trozo. –expuso con cierta amargura.

-¿De eso hará años, no? –volví a preguntar incrédulo porque 400 pesetas son menos de 4 euros.

-Sí hace algunos años. – pero ya no dijo más de esto y me habló de la tierra que era suya y que ahora le lleva su hijo por él tiene ya una edad.


Después de mi conversación con el florentino aldeano, tomé otra vez la carretera CV-83 hacia Xinorlet, pasé de largo y llegué a la pedanía de Culebrón, feo nombre, sobre todo, para los supersticiosos en reptiles, que yo no lo soy. No sé quien se atrevió a ponerle tal nombrecito a esta distraída villa en medio de la tierra rota y añeja. No sé cómo los vecinos siguen nombrando o a caso no lo nombran así, como pasa con lo del pueblo de Carboneras, que nadie dice carboneras sino el pueblo. Culebrón porque parece el nombre de una maldición, auque también tienen la acepción de telenovela de numerosísimos capítulos. Yo jamás podría decir “yo soy del Culebrón”. Culebrón pertenece al término de Pinoso, muestra abandono, sus calles, si es que las tiene, no conocen el asfalto, es una explanación, hay un jardín infantil donde hubo una fuente pública, como el día amenaza lluvia no veo ningún chiquillo, pasé por la ermita que se levanta en una explanad donde crecen pimpollos, junto a los cuales se muestra un cartel que anuncia la construcción de un Local Social, capaces son de cortar los pimpollos. Llegué hasta una zona de viejos y gruesos álamos, hay un pozo que tiene una pileta de madera antigua, veo la fachada de una casa que me transporta en el tiempo: “Villa Gachopi”, de fachada ocre, oscura, pero de tejado nuevo. Allí me salió un hombre fuerte, ya maduro que estaba pastoreando gallinas.

-Buenos días, estoy perdido -le dije-, ¿puede decirme dónde queda la bodega para comprar vino, me han dicho que venden aquí buen vino?

-Dé la vuelta y salga por la ermita, a la izquierda allí verá la bodega Poveda.

Con buen criterio me di la vuelta y busqué la bodega, pero no la hallé, uno se pierde aquí porque no hay calles, ni letreros, pero sí hay tres o cuatro restaurantes, uno se llama con el pueblo “Culebrón” con parrilla argentina, su aspecto son de los restaurante de domingueros, tiene amplias explanadas, y el nublado de hoy me recuerdan a las aldeas en Galicia bajo los últimos abetos y el prado.

Cocheando por la pedanía encontré Bodega-Almazara, al verla abierta me invitaba a pasar al interior, cuando llegué vi que salía de una casa un hombre con una garrafa de vino en la mano, ante lo cual me dije “estoy por el buen camino”. La casa de venta de vinos es un local no muy grande, tiene una puerta abatible como la de los supermercados, una de dirección prohibida y la otra con una flecha blanca sobre fondo azul de dirección obligatoria. Me dio buena impresión, estaba bien surtida y había barriles en un extremo que te hacían recordar tiempos artesanales. En una estantería, cada más entrar están las famosas botellas en estuches de Fondillón a 10 €, un precio tirado, para como se vende en las tiendas de vinos, después de haber pasado por la especulación de los distintos distribuidores. Compré un vino crianza Culebrón del 2000 y una botella de vino moscatel, dulce, vino de licor, a muy bien precio.

-Pues no sabía yo que esta bodega estuviera aquí, es la primera vez que vengo – le dije al dependiente, un hombre fuerte con la zona franciscana como una manzana (ya somos dos).

-Pues estamos desde 1950.

El encargado de la tienda, es un hombre dado al trato afable, me dio un catálogo de la bodega: Brotons V. y A., S.L. Viñedos Culebrón. Cuya dirección es Pedanía Culebrón, 59, pero como tiene una página web, mejor será que la visiten. Estas bodegas tienen una explotación que posee 100 hectáreas de plantaciones con las variedades de uvas tintas: Syrah, Merlot, Tempranillo y Monastrell. Pero el buque insignia de esta Bodega, el vino rey, es el Gran Fondillón Reserva de 1964, el tinto más viejo de Alicante, de fabricación es artesanal desde la recolección, pisado y prensado, es decir con el tiento exacto de la filosofía artesanal de los bien hecho. Pero si era poco esto también es una almazara que elaboran aceite de oliva virgen extra, de primera presión en frío, procede de aceitunas sanas de la variedad Arbequín, Blanqueta, Changlote Real y Cornicabra. Digno es visitar el museo de instrumentos de labranzas. Y la buena noticia, esto es increíble, tiene una tienda on-line, se pueden pedir los productos pagando los gastos de envío.

Al salir con mi bolsa de vino el hombre afable, al verme con bastón se ofreció en llevarme la bolsa al coche. En la explanada oí el maullar de unos gatillos, dos, uno negro y el obro mezcla, dos preciosidades que me recordó mis tiempos campesinos y de cuando la gata paría más gatos de la cuenta, en fin tráfico que es mejor no contarlo.

Dejé la Bodega-Almazara y continué por un camino asfaltado hacia el norte, hice un montón de kilómetros en soledad por el llano cultivado entre islotes de monte bajo, los viñedos invictos, los manchones de olivos, algunas solitarias casas de campo, una soledad del espíritu que apacigua el alma; y ya lejos el terreno empieza a ondular, experta extensión de cultivos mimados por un tibio aire, y cuando llegué a una zona de monte con pinos me encontré un cartel del coto de caracoles, sí como lo oyen, el cartel dice: “Prohibido buscar caracoles hasta el 10 de julio por estar la caza en su reproducción”. Y es que los caracoles tienen mucha demanda, son muy valorados en esta zona por la paella con “conil y caracols”, i gazpacho con caracoles, un manjar gastronómico, propio de esta zona del Vinalopó, serranas le llaman y si en este arroz cae una hebras de azafrán ya es para patalear de gusto, y no digamos si se riega con un Culebrón crianza. Aunque esto de los cotos de caracoles no es nueve, los caracoles se consumen desde la prehistoria, y ya Alfonso XI estableció cotos de caza y de caracoles, y en 1501, la ciudad de Murcia decide protegerlos con cotos de caracoles en los siguientes términos: Desde la Venta Algimenado hasta el Albujón y de allí al Estrecho, y por la rambla de Escaleruela arriba y en la Torre de las Ventanas, y de allí al Pozo Ancho hasta tomar el dicho Algimenado ( Mª del Carmen Zamora. Aprovechamientos forestales...).

Luego continué y continué sin encontrarme a nadie en los campos, a lo lejos un cortijo sobre la loma, un cortijo sombrío de paredes esteparias porque aquí no conocen la cal, parecen sucios y maltratados. Caminos que se entrecruzan y más viñas, soledad del campo, y lejanas sierras, otro cortijos sin encalar, lagares, hasta que encontré la salida de este laberinto de carreteras y caminos, y, vi la torre salvadora de la iglesia de Pinoso, un villazgo forrado de pinares y coscojas, y algún que otro encinar, robles como un jardín del Olimpo, porque aquí está situado el Olimpo del Vinalopó




PINOSO (Lugar de pinos)

Entré en Pinoso o El Pinós en valenciano por calles que se van estrechando, cerrando, prohibiendo el paso, obras de casas viejas, hasta que sin darme cuenta llegué a la plaza del Ayuntamiento y detrás, justo detrás vi una explanada como aparcamiento, pero como no había un sólo hueco, tuve que salir y aparcar cerca de la iglesia de San Pedro Apóstol, difícil está el aparcamiento porque además era día de mercadillo. Una vez el Nissan en posición de descanso, tomé mi máquina digital, ya desde un lateral del Ayuntamiento se ve la calle del Reloj, que avanza hacia una empinada escalinata, amplia, con pasamanos, menos mal. Subí las escaleras pasito a pasito, por allí anda la calle Maisonnave que debe ser en honor de don Eleuterio Maisonnave el mismo que tiene la calle más comercial de Alicante y una escultura en bronce que hizo Vicente Bañuls. Cuando la calle Maisonnave se prolonga a la derecha toma el nombre de Sagasta, porque lo de Práxedes no se lo han puesto. Al fondo de la calle Sagasta están las dedicadas a los poetas del 27: Vicente Aleixandre y García Lorca. La Torre del Reloj o Torreloj empina su blanco cuello de cisne sobre los tejados de la ciudad, faro como cerrada lumbre de sillería color entre oro y crema marfil, tiene una puerta en la base que llaman la puerta del relojero que ha de subir cada día para darle cuerda al reloj con una manivela, según me comenta un vecino. Su base cuadrada no tiene más de cuatro metros de lado, el cuello de su arquitectura se remata en forma octogonal, tiene tres campanas, y es que esta torre sólo sirve para dar la hora con el latir trémulo de sus campanas, viejos bronces que retumban en el tambor sentimental de los pinoseros como la mano amiga en el hombro que le recuerda que el tiempo es oro. Sin duda alguna los pinoseros son avispados emprendedores por naturaleza. Esta "Torreloj" se construyó en 1887 por don José Peiró Fuster de Gandía, dos años más tarde se incorporó el reloj que se compró en Madrid.

Caminé por la empinada calle del Reloj hasta un barrio de casas bajas, veo algunas fachadas modernistas tiene el encanto de los barrios de un pasado señorial. Pasé por una calle que me llamó la atención Calle Capitán Haya, y recuerdo, por la historia que he leído que este capitán era un que aviador perteneció al bando nacional, hizo más de 90 vuelos de abastecimiento sobre los sitiados del Santuario de Santa María de la Cabeza en Andújar (Jaén), por este hecho se le concedió la Laureada de San Fernando, murió en la batalla del Ebro cuando su avión fue derribado.


También veo la calles de Miguel de Unamuno, la calle Ancha y calle Corzo, entre estas dos calles me llama la atención una casa muy antigua y desvencijada que se cae, el tejado lo han llenado de latas de cervezas, porque a mí las casa viejas me gustan, me incitan a una compra. La calle Corzo es recta y larga que baja como un badén, al fondo se ve la Ermita de Santa Catalina. La zona es de trabajadores, también residen algunos inmigrantes sudamericanos. Las mujeres se ven con sus bolsas de la compra, y algunos hombres metidos en años caminan con sus bastones como testigos del pasado. A mí me gusta hablar con estos libros abiertos de la historia de cada pueblo, pero ese día tenía los minutos contados, y, con lamento no hablé con ellos. No existe mejor caridad que hablar con los hombre y mujeres metidos en años, ya que ello siempre se quejan de esa soledad sonora de la que habló San Juan de la Cruz:

"La noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena, que recrea y enamora."



Soledad sonora, que más tarde la tomó Juan Ramón Jiménez poemas del Modernismo simbolista, y también Antonio Gala para dar título a uno de sus mejores libros de reflexiones o diario íntimo.

Regresé de nuevo al Ayuntamiento decidido a pedir un callejero, que se sitúa en la Plaza de España, la cual, a su vez deja erigirse una fuente en el centro con la escultura de un gordito querubín de cuyas manos, que levanta una caracola, sale un surtidor de vida líquida y eterna. Pero la Casa Consistorial permanecía cerrado, era sábado, la puerta es de madera opulenta, muestra dos hojas, en cada una se ve un cuartel tallado con la figura de los que parecen dos dragones alados dándose la espalda o adosados, en la puerta había estacionado un 4 X 4 de la Policía Local, toqué al timbre pero no me respondió nadie, quería pedir un plano de la ciudad, como no lo conseguí me dedique por mi cuenta a buscar los tesoros ocultos de Pinoso. Di una vuelta por los alrededores, bajé por un anchurón a modo de plaza rectangular que se llama: “12 de febrero de 1826”, me dije que no podía irme de Pinoso sin averiguar qué significada esta fecha para que diera nombre a una calle tan céntrica.

La iglesia mostraba su gran puerta celestial gris y cerrada, puerta de entrada al mundo espiritual y religioso católico, porque este pueblo siente de veras su Semana Santa que demuestra con la fundación de varias Hermandades o Cofradías. Dedicada a la advocación de San Pedro Apóstol, es una construcción de 1739, aunque no adquiere su aspecto actual has 1888. Como no pude entrar me conformé con sacar fotos, sobre todo al azulejo de la Virgen del Remedio, que como un gran sello se muestra en la torre campanario, solicitando persignarse como se solía hacer antiguamente, al paso de estas imágenes. En algunos pueblos del Vinalopó he podido ver cómo algunos parroquianos siguen la costumbre de persignarse al pasar delante de esta imágenes en la vía pública o por la puerta de la iglesias.

Desde la iglesia de San Pablo, y llevado por el ambiente del bullicio del mercadillo de los sábados, llegué hasta el Mercado Central Almarcha $ Calpena, Plaza de Colón, 30, que es un edifico en forma circular como una plaza de toros cubierta, con un bar en el centro, que tiene cuatro barras, protegido por una especie de cúpula piramidal de madera. Me gusta el ambiente de los mercados, gente por aquí y por allá, olor a verduras y a bacalao. Como era hora de tomar un tentempié, me acerqué al bar, servido por tres jovencísimas camareras, una rubia y otra morena y la tercera de ellas tan joven que aún llevada la prótesis dental, tenía edad de estar en el colegio, pero es sábado y estaría ayudando. Me subí a un taburete y pedir un descafeinado con leche de sobre y media tostada con aceite. La tostada tardó en salir, porque la tostadora es más lenta que una procesión de Semana Santa. Luego llegó la dueña del negocio, una mujer rubia abrigada en carnes, a la que le pagué 1.80 euros por la consumición. Allí no se podía seguir acosado por la música de una canción tipo flamenco roquero que no había quien la soportara.

-La próxima vez que venga – le dije a la camarera- te traeré un disco nuevo.

-Sí tráeselo -entró en la conversación un joven que acaba de llegar a almorzar con una bolsa de aceitunas y unos tomates-pera, son unos tomates pequeños que tienen esta forma, aunque el color no se sabe muy bien de qué va.

-Pero si a mí me gusta, ya estoy tan hecha que no me gusta otra –respondió la camarera del aparato dental.

La camarera rubia y delgada no paraba de ir de un lado para otro, de entrar en el almacén que está junto a la caja porque hay que ir a pagar al otro lado de la barra, pero la dueña se compadeció de mi cojera tomó los dos euros y pagó ella, luego le di los 20 céntimos de propina, y me marché por la puerta que da a la Funeraria Vinalopó.

Regresé de nuevo al Ayuntamiento por si esta vez tenía más suerte de ver a algún Policía Local, pero ya no estaba el 4 X4 seguramente se acaban de marchar a algún servicio ciudadano. El Ayuntamiento de Pinoso tiene una página web, luce el lema: “el encanto de ser pueblo”. Es un portal bien informado de noticias, para información histórica hay que pinchar en la sección: "El Pinós turístico". Tiene 13 concejales, su alcalde es don José María Amorós Carbonell del PP. Me di cuenta, por casualidad, que la fachada de una de la casas de la Plaza de España hay una placa que dice: “En esa casa se reunió el primer ayuntamiento que tuvo esta villa el 12 de febrero de 1826”. Pregunté a un camarero que lucía un gran delantal morado a la puerta del restaurante Alfonso.

-Es que esa fecha nos independizamos de Monóvar y cada 12 de febrero se celebra el “Día del Villazgo” que también le llaman Día de la Independencia de Monóvar.

-Gracias por la información. ¿Podría decirme si en este pueblo hay alguna oficia de Información y Turismo.

-Sí pero tienes que ir a la Casa del Vino.

-Y eso dónde queda.

-Saliendo por la carretera de Fortuna.

Y allí me encaminé dando un rodeo por la circunvalación hasta entrar por la calle llamada carretera de Jumilla. Desde aquí hay una buena panorámica del Pinoso Oeste. Pasada unos almacenes, supermercados, giré la derecha encuentro una amplia avenida que se llama Paseo de la Constitución, y pasada la casa cuartel de la Guardia Civil, empiezan a aparecer los pinos, porque los pinos con sus raíces guardan y sostienen la tierra inculta y también a esta ilustre villa. Me contó un amigo profesor que en tiempo de los Calos IV y de su hijo Fernando VII, este término municipal era un coto de caza real, y no sé lo que tiene esto de cierto de cierto, pero viene a coincidir con el Villazgo en 1826. Para hacer un cambio de sentido, y dar la vuelta entré en una avenida de altos y viejos pinos, que te llevan a la puerta del cementerio, desde allí vuelvo a tomar la vía y llego hasta el aparcamiento de la llama Casa del Vino, situada junto a un Polideportivo y el Pabellón García Córdoba.



La Casa del Vino es un edificio moderno, de fachada coqueta revestida con grandes espejos, que parece que está uno en un gran cuarto de baño, donde uno puede sacarse una foto con coche y todo. Es una oficia de información para fomentar el desarrollo económico y turístico del término municipal.

Toqué el timbre a la entrada, me abrió un conserje, alto, fuerte con bigote, muy campechano y agradable.

-Buenos días, me han dicho que aquí está la Oficina de Información y Turismo.

-No exactamente pero le voy a dar toda la información que necesite, unos catálogos y la revista “El Cabeço”,

Esta revista la edita el Ayuntamiento para tomar el pulso a la vida cultural y política de Pinoso y aparece también en pdf. Muchos pueblos de nuestra provincia, incluido el ayuntamiento de su capital, deberían tomar ejemplo. Porque además la revista es de gran calidad tanto en edición como en impresión con 32 páginas. La revista “El Cabeço” ya por el número 248. En este número de abril, aparece en la portada unos colegiales de san Antón y Santa Catalina, en labores de repoblación forestal. Un artículo del alcalde sobre el consenso para la reforma del Estatut Valenciano. La Asociación Alicantina de Escritores y Periodistas de Turismo visitaron Pinoso el 18 de marzo y se hicieron la foto en las escaleras del Reloj. Un amplio reportaje dedicado al V Festival de la mujer, bajo el subtítulo: El espíritu luchador de la mujer se impuso a la fuerza del viento porque el viento del 11 de marzo estuvo a punto de suspender la edición. Un bello reportaje de Pinoso nevado, que debe recibirse al día 28 de enero del 2006, que nevó en la comarca del Vinalopó. Presentación de la zarzuela “Un año de amor y de sequía”. Biografía de Francisco Ibáñez Prieto, aunque nació en Hondón de las Nieves n 1941, fue a vivir a Novelda y después a La Romana, ahora, prejubilado se dedica a la pintura. Y por ultimo un artículo sobre la vida teatral y lírica de Pinoso firmado por Cristeni, conocido como el poeta del Sequé.

Todos lo catálogos y la revista los medio en una bolsa de plástico donde aparece un antiguo edificio del Ayuntamiento de 1963, por la parte de atrás aparece el símbolo de El Pinós, la torre campanario del reloj, hay un croquis de situación dentro de la provincia de Alicante, y el escudo del término municipal que es una verdadera obra de arte heráldico, tiene forma romboidal o losange según la heráldica, pero, el conjunto de su volumen, si lo miramos bien tiene forma de una copa, coronada por la corona del tipo marqués, el campo del escudo se ha dividido en tres campos, arriba la bandera con las barras del Reino de Valencia, debajo dos perdices [me dijo Juanjo Yañez Rico, estudioso de la historia de Pinoso que no son dos perdices, sino dos gorriones que pagaban como tributo], un blasón, tres pinos sobre fonda azul o azur y debajo un minero que cava las raíces de los pinos, orlado con una divisa o lema: Radices terram versvs pocvlvm avtem incoelvm. MDCCXXVI. Es un lema simbólico entre lo terrenal y lo celestial, ayudado por mi amigo Manuel Martínez Galiano, hemos llegado a la conclusión que dice algo así como: "Las raíces a la tierra, pero las copas hacia el cielo". Y podemos ampliar su simbolismo al tomar al pino como elementos de unión de los mundos: el terrestre y celestial. Si consultamos el libro de los símbolos, vemos que el pino simboliza la inmortalidad gracias a sus hojas perennes y su resina incorruptible (de las resina de los pinos se sacaba el aguarrás), la piña significa la unión y los piñones simbolizan la fecundidad de la naturaleza. Porque además el árbol es una unidad que acaba abierto como la copa de la vida. Pero también es, para su tiempo 1826, un precoz eslogan sobre el medio ambiento, el de preservar la naturaleza, porque el minero que hay en el escudo o blasón, debajo de los tres pinos, nos advierte que si rompemos o cortamos las raíces a los pinos, éstos no crecerán, porque Pinoso es un lugar de pinos.

El interés de nuestros heráldicos en grabar los lemas en latín para su perdurabilidad y perpetuidad en el tiempo, ha logrado entre los incultos como yo, el efecto contrario, que sea un enigma casi indescifrable, sino llega a ser porque todavía hay personas que estudiaron lenguas clásicas. Quizás por esta dificulta de pópulum para traducir del latín el nuevo eslogan de El Pinós es: “l´encant de ser poble “. Por que El Pinós es pueblo al susurro de los pinos. Aquí, los pinos amarrados al suelo se sienten como en casa: hogar de los tres pinos: el de la vida, el del amor y el de la muerte. ¡Oh Pinoso! cuida de los pinos.



Saqué una fotografía del bronce de la placa inaugural que lo fue el 30 de noviembre 2003, siendo alcalde Ramón Cerdá Juárez. Luego con mi bolsa llena de información le pregunté.

-Dónde puedo comprar vino.

-Pero no va usted a ver el video del museo, dura sólo 20 minutos.

-No tengo tiempo, son ya las dos menos cuarto. Además yo estuve aquí el año pasado.

-Pues la bodega más cerca es la Cooperativa del Pinoso, saliendo del aparcamiento, a unos cien metros a la izquierda, además no tiene pérdida hay un cartel verde y se ve desde la carretera.

Así que con mi prisa, para que no me cerraran la bodega, tomé el coche y me acerqué hasta ella, traspasé la verja y al fondo se abre la tienda de venta vinos y demás productor alimentario, porque en realidad es como un pequeño supermercado Coarval. Compré una garrafa de vino tinto de 3 litros Torre del Reloj y una botella de vino blanco Vermador que es ecológico. Le pregunté al dependiente si me podía dar un catalogo, para informar de los vino y marcas de aquí, me dijo que no tenía, y este no me recordó a la Bodega Santa Catalina de Mañan que tampoco tenía catalogo. A mí, me extraña que no tengan catálogos para promocionar los vinos, un catálogo como el que me dieron en la Bodega Almazara en el Culebrón. Pero en fin, si la promoción no les importa, allá ellos.

Luego tomé el Paseo de la Constitución hasta llegar a una rotonda en la que me tuve que parar, porque desde aquí Pinoso tiene cara de capital, se ve la torre de la iglesia y su cúpula azul, y un gran abeto, es una zona amplia, cosmopolita, aunque ellos no quieren perder ese sabor a pueblo que tanto añoramos los que somos nacimos en pueblos y ahora vivimos en la leñera de las ciudades. Tomé a la derecha por el Badén de Rico Luca, una avenida de altos y gruesos pinos centinelas del tiempo glorioso y campesino de este pueblo que, como ya he dicho, tiene tres pinos en su escudo. Pinos heráldicos, señoriales y testigos inmóviles del tiempo y de su historia. Los pinos de Rico Luca aparecen alineados como dos columna de soldados, uno frente al otro y separados por el cauce encementado de lo que es una cañada, una rambla callada que ha debido de dar muchos sustos cuando la lluvia arrecia. Al final de esta larga y uniforme pinada de raíces irritadas que acaparan todo el suelo sobre el que se sostiene la villa, y al fina a la izquierda se nos abre lo que se llama la carretera de Yecla, y el gris asfalto servil me expulsa de Pinoso camino ya de Monóver y de Alicante. A la derecha queda la calle San Fernando donde abre sus puertas el Restaurante "La Hacienda", que fue bendecido por el papa de la cocina actual por Ferrán Adrià.

Mi salida no puede ser una adiós triste y definitivo, sino un hasta luego alegre, como alegres son todas las llegadas. Me despedí bien de este viaje porque al pasar por Xinorlet me tronó y cayó una buena tormenta de esas que pasan de paso y te lavan el coche, y que a las viñas les vendrá bien si no viene con piedra.



Personajes nacidos en Pinoso

-El político y economista Pedro Solbes Mira actual Vicepresidente Segundo, y ministro de Economía y Hacienda, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, asimismo es licenciado en Derecho y diplomado en Economía Europea por la Universidad Libre de Bruselas, y de un amplio currículum.

-Francisco Esteve Rámirez, profesor de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid (UCIM), “Premio Internacional de Periodismo Miguel Hernández” 2006, y Presidente de la Asociación de Amigos Miguel Hernández de Madrid. Ha publicado numeroso artículos y libros de temas hernandianos, como Antología comentada (I, Poesía), Ediciones de la Torre, 2002


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