viernes, 14 de octubre de 2016

El sindicalismo alpargatero en Aspe (Alicante)

Revista de identidad Cultura Aspense

El sindicalismo alpargatero en Aspe (Vinalopó)

Fig 1 Familia de alpargateros
José Ramón García Gandía
Durante los primeros años de producción alpargatera en Aspe no existió asociacionismo obrero en este sector. Desde Elche, en más de una ocasión, se emitieron quejas sobre la forma en que se imponían las condiciones de trabajo en nuestras fábricas, en particular la de Calpena Hermanos y Compañía y, efectivamente, hubo un interés propio, del que participaban tanto obreros como fabricantes, de que en Aspe se pusiese en marcha un sindicalismo obrero que modificase las condiciones de trabajo y producción, y de esta forma no se produjese más barato para poder competir en igualdad de condiciones.
Pese al aumento de fábricas dedicadas a la alpargatería durante la primera década del siglo xx, no es hasta 1911 cuando comienza el proceso de agrupación de los trabajadores alpargateros con la creación del todavía denominado Gremio de Costureros Alpargateros. En este sentido se expresaba el diario Juventud:
Por fin la masa obrera aspense despierta del suicida letargo en que se hallaba sumergida ¡Ya era hora! Y sale en defensa del pan con la energía propia de aquellos que cansados de ser inicuamente explotados y maltratados rompen las cadenas de esclavitud para dejar de ser mártires inconscientes aún a costa de serlo en defensa de los sabios ideales de su redención.
Los costureros han constituido un gremio que por el entusiasmo con que lo han hecho hace esperar que pronto puedan tener justos beneficios, pues tal la avaricia de algunos fabricantes que aquellos no pueden, aun trabajando doce horas al día, ganar un jornal mayor de 1,75 pesetas.
Además; hay fábrica (Calpena Hermanos y Compañía) que multan y maltratan a sus operarios hasta por faltas supuestas.
Ánimo, pues, costureros, ese es el camino de vuestra salvación. Mucha unión, mucha disciplina que la victoria es segura. Demostrar a esas panteras con figura de fabricantes, que no sean borregos lo que explotan, sino hombres consientes con deseo de hacerse respetar.
Apenas un mes después de este anuncio, Antonio Cremades Prieto, en representación del Gremio se dirigía al Alcalde de Aspe, el liberal Gregorio Rizo Penalva, para manifestarle que, en un acto que pretendían organizar, ellos eran los más interesados en que reinase el orden y, si esto no era posible, no sería porque no lo hubiesen intentado, declinando cualquier responsabilidad. Posiblemente se trató de una huelga, ya que en diciembre de ese mismo año, Manuel Berenguer Esquembre, también en representación del Gremio de Costureros escribe una carta a los alpargateros que todavía no han ingresado en el gremio, explicando que “Después de calmados los ánimos y serenadas las pasiones (que a tan alto grado subieron durante el periodo de la cruenta lucha por nosotros sostenida), a vosotros nos dirigimos, para demostraros, en bien pocas palabras, el crimen de lesa humanidad que estáis cometiendo con vuestra desunión”.
En este mismo escrito expresaba el camino a seguir: “Con que compañeros: Agremiarse todos los oficios, en sociedades de resistencia, y formemos una federación local, y en no muy lejano día se levante airoso, uno de esos templos de la virtud que se llaman “Casa del Pueblo”; y que por sus ventanales penetren auras de libertad y de progreso. Hagamos escuelas puramente Racionalistas, para que nuestros pequeñuelos sean el día de mañana hombres consistentes, y no hombres cosas”.
Este Gremio de Costureros Alpargateros era, en realidad, una sociedad de resistencia y socorros mutuos. Junto a ésta, surgía en marzo de 1912, a imagen de la creada en Elche con anterioridad y de similar nombre, El Renacer Femenino. Sociedad de Resistencia de Oficios Varios y Socorros Mutuos.
Con el tiempo, el gremio de costureros cambió su nombre al de Sociedad de Resistencia de Constructores de Suelas y Oficios Similares. Se componía de cuatro secciones: constructores de suelas, costureros, hiladores y oficios auxiliares. Así, durante estos años, empieza a evidenciarse una conciencia de clase en el sector. En la prensa se dedican artículos a “el proletariado” y se elogia que las sociedades de resistencia que “han venido a satisfacer una necesidad sentida hace mucho tiempo en nuestro querido pueblo” con un “hecho (que) no tiene presente”, terminen “de una vez con la odiosa explotación de que venían siendo objeto los obreros”.
Junto a la sociedad de alpargateros de Aspe, poco tiempo después surgieron otras en distintas poblaciones, muchas de ellas cercanas a Elche. Pero, pese a la cercanía con el centro alpargatero, existía una disparidad de precios y condiciones de trabajo.
Este aumento de sociedades dio lugar, en 1913, a la creación de la Federación de Obreros Alpargateros, una vieja aspiración de los alpargateros ilicitanos. En mayo de ese año, aparece en el diario Trabajo una circular convocando un congreso fundacional para el mes de agosto, ante “la anarquía que reina en los precios de la mano de obra” y “la escasa consideración” de los patronos, enzarzados en una terrible competencia. Se aseguraba, además, que en Aspe, Caravaca y Lorca la explotación llegaba a extremos tales que perjudicaba a todos los alpargateros. Una vez, constituida, comenzó su actividad y en abril de 1914 se visitó Aspe para intentar convencer a los alpargateros que quedaban sin afiliar de que se unieran al sindicato.
En mayo de ese año, la sección de Aspe comunica a la federación la convocatoria de una huelga en la fábrica de los Sres. Botella, Sentenero, Pastor y Compañía por el despido injustificado de un compañero. Se realizaron gestiones con el Alcalde con el objetivo de conseguir una solución pactada, pero estas resultaron infructuosas.. El comité central emitió una circular a todas las secciones avisándoles de que debían tomar nota de lo que ocurría en Aspe, por si se agravaba el conflicto, para acudir en su ayuda. Por su parte, los patronos afectados fueron al encuentro del resto de fabricantes buscando el apoyo que necesitaban para triunfar en sus pretensiones y, tras un mes de paro, los veinticinco huelguistas finalmente tuvieron que solicitar ayuda a las secciones ya que no contaban con fondos en la caja de resistencia.
En Castellón, en agosto de 1914, se celebró el II Congreso de la federación. Entre los temas más interesantes aparece la propuesta ilicitana del ingreso en la ugt. Entre otras mociones se debatió, sin éxito, el establecimiento de talleres comunales en caso de huelga reglamentaria por ser, según propuso para este congreso la sección de Aspe, “la única forma de dar al traste con el régimen individualista”. También se dio lectura a un oficio de la sección aspense comunicando la designación de José Vicente Ruíz como vicesecretario del Comité.
En septiembre se organizó una nueva gira por los pueblos de la provincia para insistir en la afiliación al sindicato, también con escaso éxito. En Aspe, el acto de propaganda anunciado tuvo que suspenderse “por encontrarse entregados a las faenas de la vendimia mucho del personal que pertenece al Centro Obrero”. En realidad, las condiciones en que se encontraba la industria alpargatera en aquellos momentos eran muy deficientes y la sección de Aspe terminó por darse de baja en la federación. Por este motivo se realizó un acto de propaganda dirigido a los costureros. Vicente Barrio se dirigía a los obreros de esta forma:
Ante la indiferencia de unos y la apatía de muchos y ante el rutinarismo (sic) y la mala fe de los inadaptados, de los ajenos a toda obra de liberación humana; ante el proceder poco noble e indigno de muchos patronos, nos vemos obligados una vez más a salir a la palestra a defender nuestros derechos inhumanamente violados por algunos hombres poco escrupulosos en una época… …siervos de la gleba. Los que hemos permanecidos fieles a nuestros principios de asociación; los que a pesar de la terrible huelga del año pasado no desertamos de nuestra fila de combate, vemos, con tristeza el marasmo que pesa sobre muchos compañeros, que no desconociendo (y esto es lo triste) las ventajas que nos reporta nuestra asociación, permanecen alejados de nosotros como si vivieran en el mejor de los mundos. Todo parece, que hayan cloroformado los cerebros de estos buenos compañeros. Parece así, que el ambiente esté impregnado de algún narcótico para adormecer a estos trabajadores”.
La oratoria hacía hincapié constantemente en la unión de los obreros alpargateros y en la necesidad de afiliación al sindicato para aunar fuerza y, así, luchar contra la opulencia del capital. Su discurso terminó de esta forma: “¡Trabajadores! La redención, por la instrucción y la asociación. ¡Cobijémonos todos bajo la bandera roja, símbolo del bienestar social, para conseguir que reine en la tierra la verdadera felicidad que para todos deseamos! ¡Viva el Gremio de Costureras y El Renacer Femenino!”.
Poco después se planificó un nuevo viaje ya que la sección todavía se encontraba de baja en la Federación. En esta ocasión, Andrés Saborit, se expresaba de la siguiente forma: “en Aspe, pueblo alicantino enclavado entre Elche y Novelda, pero sin ferrocarril todavía, hubo hace un año una huelga terrible, uno de esos hechos típicos en nuestra nación, en donde las autoridades se cuidan más de apalear a los obreros que de atender sus reclamaciones”. En su escrito arremetía contra la fábrica de Ramón Calpena Cañizares acusándole de no dar trabajo a los obreros afiliados al sindicato. Este patrono, llegó a publicar una nota que colgó en la entrada de la fábrica prohibiendo a los obreros que quisiesen trabajar en su fábrica pertenecer a la sociedad de alpargateros.
Figura 2 Alpargateros de la fábrica de Ramón Calpena Cañozares
Alpargateros de la fábrica de  fábrica de Calpena Hermanos y compañía (El Día, 1919)
A fines de 1915, la sección de Aspe entra, de nuevo, en la federación que con 1.880 federados iba mejorando progresivamente. El Comité central continuó en Elche y en octubre de 1916 llevaron a cabo una nueva campaña propagandística por Aspe y otros pueblos de la provincia.
Durante estos meses la sección de Aspe comienza a recuperarse, hecho que se pone de manifiesto durante la huelga general de diciembre de 1916. En la localidad hubo un paro generalizado. Además de las fábricas de alpargatas cerraron las cerámicas, las industrias alcoholeras, las de jabón, la fábrica de carruajes y las carpinterías y ebanisterías. No hubo incidentes y, tal y como se desarrollaron las cosas en el resto del País, esta huelga sería el preludio, también en la población, de la que se estaba preparando para agosto de 1917.
Con el cambio de año, las secciones de alpargateros de la provincia de Alicante van acercándose cada vez más a las tesis socialistas propugnadas por la UGT y, en este sentido, los alpargateros de Aspe solicitan el ingreso en este sindicato mediante un oficio el 15 de febrero de 1917. No obstante, se le contesta que el ingreso deben de hacerlo por medio de su respectiva federación. Lo que nos indica la pertenencia de la federación, en estas fechas, a este sindicato y que la sección de Aspe todavía no se encontraba federada.
Las secciones de alpargateros de Aspe, sobre todo la formada por mujeres crecen a partir de 1918 en número de afiliados. En junio de 1919, los alpargateros contaban con 410 miembros y El Renacer Femenino con 964 afiliadas. Aunque en este último sindicato se integraban todas las profesiones femeninas, la gran mayoría eran alpargateras, tal y como queda de manifiesto en la documentación propia de la sociedad.
Ambas sociedades desarrollaron una intensa actividad negociadora con el Sindicato de Fabricantes de Alpargatas de Aspe. Su objetivo era la de unificar una plantilla que estableciese las clases de alpargatas y el precio que debía pagarse por la fabricación de cada una de las piezas que componían la alpargata, así como la regulación, aunque aún de forma básica, de las condiciones de trabajo.
Sabemos de la existencia de una plantilla aprobada por fabricantes y obreros en junio de 1917, pero que no hemos localizado. Sí las sucesivas, que se negociaron entre 1918 y 1919 y que, finalmente, llevaron a la firma de un convenio entre ambas partes. Convenio que tuvo una corta vigencia, pues todo se fue al traste con el conflicto social que desembocó en la huelga de 1919.
Fig 3 Sellos de las sociedades alpargateras de Aspe
Sellos de las sociedades alpargateras de Aspe
En enero de 1918, María Erades, presidenta de El Renacer Femenino se dirige al Alcalde de Aspe, Francisco Alcaraz Pavía, elegido por el Partido Demócrata, solicitando su ayuda como mediador ante los patronos para la aprobación de la plantilla unificadora de precios y trabajos. La carta, además de la presidenta, iba firmada por el Consejo de Administración, integrado por personal masculino: Antonio Cremades, Vicente Sánchez y Antonio Botella Abad. Ese mismo día, el Alcalde, convocó a los patronos para comunicarles la presentación de la plantilla. La convocatoria iba dirigida a: Ramón Calpena Cañizares; Manuel Calpena Cañizares; Antonio Cremades Martínez; Sentenero Hermanos; Mira Botella y Compañía; Calpena Hermanos; José Vicedo Díez y Francisco Lara Berenguer.
Apenas una semana después, era el Gremio de Constructores de Suelas el que se dirigía al Alcalde mediante un escrito que, sin presentar plantilla, reclamaba algunas reivindicaciones: subida de un 30% del precio de la mano de obra; que la estopa se considerase como brasa del banco, tal y como ocurría en otras poblaciones; el cumplimiento de la plantilla de junio de 1917; y, por último, la unificación de los precios en las faenas extraordinarias. El escrito iba firmado por el presidente de la sociedad, Pascual Cánovas Martínez.
Los fabricantes de alpargatas protestaron acusando a los obreros de vulnerar la base 4ª de la plantilla de junio de 1917 por no haber entregado la estopa y añadían que mantenían “una actitud hostil sin motivo justificado”. Ese mismo día enviaron dos cartas más dirigidas al Alcalde, una referente a los constructores de suelas y otra a los hiladores.
Finalmente ofrecieron el mantenimiento de la plantilla de junio de 1917 con un aumento del 20% y la reclamación de la estopa sobrante. Explicaban las “anormales circunstancias reinantes”, en relación a la dificultad de adquisición de materias primas en el extranjero, y amenazaban con suspender temporalmente los trabajos o reducir el volumen de producción. En cuanto a los hiladores, se les ofreció un aumento del 10%.
Tras varias negativas, a primeros de marzo de 1918, se firma el primer convenio entre patronos y costureros con la presencia del Alcalde. Se acordó una subida del 15% sobre los precios de 1918; la aprobación de una plantilla unificada de precios y la formación de una comisión formada por tres patronos y tres obreros para el seguimiento del convenio.
Sin embargo, el acuerdo entre patronos y alpargateros no se cumplió. Un año después de su firma, en abril de 1919, una carta sellada por el la sociedad de costureros y El Renacer Femenino y suscrita como “los obreros organizados de Aspe”, solicitaba al Alcalde su mediación ante los patronos debido a la “subida exorbitante de los artículos más indispensables”. El Alcalde convocó a los patronos y pidió a los obreros que especificaran más sus pretensiones. Estos contestaron solicitando una subida salarial del 45%: un 30% de subida sobre la base, más el 15% que se tenía que haber aplicado el año anterior y que no se había cumplido.
La incorporación de nuevos afiliados y las mejoras salariales obtenidas mediante las negociaciones con la clase patronal, fortalecieron estas agrupaciones que, poco a poco, van dotándose de una sólida estructura interna. El último día de diciembre de 1919 celebraron sendas asambleas generales con objeto de configurar sus juntas directivas. La Sociedad de Costureros quedó configurada de la siguiente forma: presidente, Antonio Botella Abad; vicepresidente, Francisco Gras Pujalte; secretarios, Antonio Cremades Erades y Francisco Alcaraz Soria; tesorero, Vicente Sánchez García; contador, Gaspar Pérez Sánchez; vocales, Agustín Asensi Alemañ, Luis Verdú Miralles y Antonio Cascales Ramos; cobrador, Vicente Berenguer Pérez; Junta Revisadora de Cuentas, Vicente Botella Pastor, José Torres Galvañ y Antonio Caparrós Cerdán; delegados del Centro Obrero, Antonio Cremades Erades y José Torres Galvañ.
Con respecto al El Renacer Femenino se eligió como presidenta a María Erades Martínez; vicepresidenta, Josefa Bonmatí Asensi; secretarias, María Caparrós Botella e Isabel Vicente Alberola; vocal tesorera, Teresa Mateu Campello; vocales, Rafaela Erades Martínez, Antonia González Erades, Isabel Gil Manchón y Gertrudis Antón Muñoz. Y para el consejo de administración, presidente, Antonio García Cerdán; secretario, Abelardo Díez Mira; tesorero, Manuel Caparrós Poveda; cobrador Conserje, Francisco Cerdán Pastor; vocales, Antonio Gonzálvez Esteve y Vicente Botella Pastor.
En enero de 1920, eran ahora, los hiladores de cáñamo de Aspe, los que remitían escrito al Alcalde, solicitando su mediación para la aprobación de la plantilla de precios por sus trabajos. Aludían, nuevamente, a “las circunstancias críticas por la que atravesamos”. No obstante, el escrito no tuvo repercusión alguna. No hubo reunión con los patronos y el tema de los hiladores quedó aplazado.
Al congreso de Castellón, celebrado en mayo de 1920, se desplazaron representantes de Aspe de todas las secciones y a su regreso, el 4 de junio, enviaron un escrito al Alcalde poniendo en su conocimiento que “cumpliendo los acuerdos de la Asamblea Nacional de Obreros Alpargateros de España, celebrada en Castellón de la Plana en los días 16, 17-18 del pasado mes de mayo y deseando el llevar a efecto tales acuerdos, deseamos que para esta tarde reúna a los señores fabricantes de esta industria y ante la presencia de Vd. como autoridad local, venir a un acuerdo entre ambas partes”.
Las peticiones obreras eran las siguientes:
El Renacer femenino, incluir el 80 por 100 en plantilla y además solicitar el 25% de aumento sobre los jornales que en la actualidad rigen.- La Sección de Costureros incluir el 100 por 100 que en la actualidad tenemos en plantilla y además un pequeño refuerzo y solicitar el 60 por 100 sobre el jornal que en la actualidad ganamos.- La Sección de Hiladores incluir el 60 por 100 en plantilla y además una reforma muy pequeña y solicitar el 30 por 100 sobre el salario que en la actualidad ganamos.- La Sección de Similares incluir el tanto por 100 en la misma forma y solicitar el 40 por 100 del mismo modo que las demás secciones.- Los Curtidores en la misma forma incluyendo el tanto por 100 en plantilla y solicitar el 25 por 100”.
Los patronos contestaron que estudiarían estas peticiones. Pero, un día más tarde, los obreros alpargateros anunciaron un paro generalizado hasta que no se les diera una contestación concreta. El paro se mantuvo durante un mes. Hasta la convocatoria de una reunión en el Ayuntamiento con ambas partes. Para dicha reunión el Sindicato de Fabricante de Alpargatas solicitó ampliar el número de sus representantes a cuatro para incluir como secretario a Antonio Murcia. Por su parte, los obreros nombraron para dicha reunión a los siguientes compañeros: José Torres Galvañ, Antonio Botella Abad y Celestino Ramos Alemañ, actuando como secretario Valentín Bevía Torres.
Las continuas huelgas y conflictos deterioraron las secciones de Aspe y les obligaron de nuevo a mantenerse durante algunos años alejados de la Federación Nacional de Alpargateros. Esta, por su parte, en su Congreso celebrado en Lorca en 1922, acordó ingresar, una vez más, en la UGT.
Un año más tarde, tras las medidas represivas que se tomaron contra las organizaciones sindicales y políticas por el Gobierno de Miguel Primo de Rivera, la Casa del Pueblo sufre un proceso de estancamiento y desorganización que le lleva a estar sin apenas funcionalidad durante los próximos seis años. Estas medidas afectaron sobre todo a las organizaciones anarquistas pero curiosamente, en Aspe, el auge del anarcosindicalismo penetró con fuerza en la Casa del Pueblo, lo que llevó a un conflicto entre estas organizaciones y las tradicionalmente socialistas de la población, sobre todo en la de alpargateros que, durante un tiempo, tuvieron dos sociedades, una anarquista y otra socialista.
Con la Casa del Pueblo clausurada por el Gobierno se ralentizó, la actividad sindical en la población. Reprimido fuertemente el anarcosindicalismo, las organizaciones socialistas salieron beneficiadas a finales de la década de los treinta, ya en puertas de la segunda República Española.
En estos años, desde el Gobierno se intenta organizar la actividad industrial alpargatera y al mismo tiempo ejercer algún tipo de control sobre la misma. En 1929, se dispuso la constitución de un comité interlocal, con jurisdicción en toda la provincia, para los ramos de confección, sastrería, zapatería y alpargatería a excepción de lo que se había dispuesto para las localidades de Elche, Crevillente, Aspe, Novelda, Callosa del Segura, Monóvar, Banyeres y Yecla donde se había preparado que se constituyera propio.
En 1932 el Sindicato del Ramo de la Alpargata se separa de la Casa del Pueblo en Aspe debido nuevamente a la influencia de los afiliados anarcosindicalistas. Para la CNT no debía de haber una sociedad para cada ramo sino que todas debían de pertenecer al denominado Sindicato Único y este dividido en varias secciones. La respuesta de la agrupación socialista local, recientemente creada, fue junto con la UGTla de organizar un nuevo sindicato alpargatero dentro de la órbita socialista.
Fig 4 Alpargateras
Alpargateras en Aspe.
La llegada de la República no consiguió todas las aspiraciones que reclamaban la clase trabajadora. Desde la prensa local se expresaban de esta forma sobre la situación de las alpargateras: “la mujer de antaño entregada a los quehaceres domésticos, se ha convertido hoy en obrera del taller, de la Fábrica, del Laboratorio, una explotada como el hombre, del Capital y he aquí por qué surja la imperiosa necesidad de hacer Leyes Sociales encaminadas a compensar el estímulo de la obrera madre con Leyes como el Retiro Obrero, Seguro de Maternidad”.

jueves, 26 de mayo de 2016

Un libro de nuestra tierra. "Singladuras por la comarca del Vinalopó Medio". Editado por LULU. 174 páginas. 8.54 €




 Libro. "Singladuras por la comarca del Vinalopó Medio".
La portada es una foto de Esteve Navarro Esteve de Moros y Cristianos del Vinalopó (Alicante).
Ramón Fernández Palmeral

Venta de libros en Lulu.174 páginas. Las ilustraciones son en blanco y negro.

Pedido aquí en LULU, on-line:
http://www.lulu.com/shop/ramon-fernandez-palmeral/singladuras-por-la-comarca-del-vinalop%C3%B3/paperback/product-22715250.html

Leer en libro electrónico ebook, por 2.99 €



Presentación del libro

       Por la portada del libro podría parecer que la Comarca del Vinalopó estuviera en Nueva Zelanda, y que el joven vestido de con traje de fiesta podría pertenecer de alguna tribu; sin embargo, nos encontramos en Alicante y en España.
      Este libro está  dedicado a los 12 pueblos que componen el Vinalopó Medio correspondiente a la serie de artículos  Singladuras por la Comarca del Vinalopó   publicados en Internet http://www.revista-perito.com/singladura.htm. La versión para Internet es un trabajo con enlaces y reportajes fotográficos con los que  se consigue una abundante información, y aunque la edición impresa pierde información, sin embargo,  es necesaria para registrarlo en la propiedad intelectual, ISBN y registros bibliográficos, y, además dar fe tangible en el tiempo futuro.
       El proyecto se inicia porque me ilusionaba visitar o hacer salidas de un día o lo que se llama en término marineros singladuras por la Comarca del Vinalopó (Alicante); es decir, un viaje en búsqueda de no se sabe muy bien qué pescar, quizás de lo insólito o de lo invisible porque lo tenemos tan cerca de los ojos, tan a mano, que no lo vemos ni lo apreciamos. Visitar esos parajes que, sin saber muy bien la razón, uno tiene en la fantasía como algo idílico y digno de ser reseñado como testimonio de un momento determinado de nuestro paso por la vida. Son viajes por mi cuenta, fuera de las rutas y de las guías turísticas comunes y sabidas, quizás con la orgullosa idea de dar cuenta por escrito de un tiempo nuestro, de un ahora, en  2006, como un testigo para generaciones futuras.
     Salidas por una comarca que es el eje vertebral de la provincia de Alicante dividido  en tres sectores; Bajo, Medio y Alto Vinalopó, que toma su nombre del río Vinalopó (su antiguo nombre es Alebus, es el nombre más antiguo de Alicante, registrado 500 años a. Cristo), significa agua que corre por el llano y no lobos como otros creen o Víalobos.  Es un río eminentemente alicantino, nace en sierra Moncabrer de Mariola, en Bocairente, y no desemboca, sino que se filtra en las salinas de Santa Pola. Es famoso en la historia porque se cuenta que aquí murió ahogado el general cartaginés Amílcar Barca, en el asedio de Héliké (Elche) al cruzar el río Vinalopó, que ya son ganas de ahogarse, debían de ser otras épocas climáticas porque ahora es un río desnutrido, una hebra de agua, un rabo de agua, incluso en otoño, época de lluvias.
      Me propongo visitar el conjunto arqueológico del Vinalopó, visitar Ilice (La Alcudia, Elche), que se encuentra recogidos en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes-Historia, páginas esenciales para conocer en profundidad el pasado ibérico en  nuestra provincia, que tiene su referente en el busto de la Dama de Elche descubierta el 4 de agosto 1897, o el toro ibérico de Monforte del Cid descubierto cerca del río Vinalopó en 1974. Visitar el museo arqueológico de Villena y su tesoro tartesio, el museo Municipal de Petrer o el de Aspe, las casa modernistas de Novelda.
     Me he propuesto hacer salidas semanales, más que hacer un viaje o periplo como ya he comentado, con la intención de dar testimonio del tiempo en que vivimos, sacar fotografías del paisaje y del corazón de los pueblos como se podrá ver en la sección del Reportaje Fotográfico, de cómo están ahora, fotos que nunca son antiguas, porque los antiguos seremos nosotros,  el tiempo pasa por nosotros no por las fotos que siempre están con su mano cerrada por haber robado una milésima de segundo del alma de una imagen, a una fachada, a un parque, a un paisaje, a un rostro. Esta singladura carecería de valor si no habláramos con sus gentes, con los vecinos, porque esta es la parte que nos hablará de la condición humana y de su lengua. Serán charlas esporádicas más que una fría entrevista preparada, puesto que la palabra, siempre espontánea de los hombres y mujeres de estas tierras, que son, sin duda alguna, la primordial riqueza que nos enseñarán los saberes populares. Este reportaje un tanto ecléctico quiero complementarlo con datos históricos, culturales, literarios, artísticos, gastronómicos y artesanales, si cabe; recorriendo lugares pintorescos, visitas panorámicas, es decir, tomarle el pulso al paisaje de hoy, de las villas y pedanías y  a sus gentes. Asomarnos a la  industria, a la agricultura, al comercio, al turismo, sin otra pretensión que la de satisfacer mi curiosidad, la humilde pretensión diría de tener un pretexto para escribir, recorrer caminos y cascos antiguos, hablar, sacar dibujos y fotografías, más que nada como complemento o suplemento o mostrar a los curiosos lectores que por su obligaciones laborales no pueden o no tienen tiempo de viajar por medios propios, o sea, este reportaje es una nueva forma de hacer turismo cultural para  cubrir la curiosidad de otros ojos. En fin, escribir también es vivir y dar cuenta de nuestro propio mundo interior.
     Quiero aprovechar esta singladura para hacer parangón con otros viajeros anteriores, como puede ser el caso del alcoyano Rafael Coloma Payá (1912-1992), autor de Viaje por las tierras de Alicante, editorial Afrodisio Aguado, S.A., Editores Libreros, Calle Marqués de Cubas nº 7 de Madrid, 1957, y que nuestro Azorín le escribiera el prólogo, que dice que “es un libro muy bonito”, lo que es no decir nada, pero se trata de un prólogo de Azorín que ya es mucho. Ambos autores, el alcoyano y monovero mantuvieron correspondencia, como se puede ver en la página web de Azorín en  la Casa Museo de Monóvar. El libro se publicó en 1957, por ello el próximo 2007 se cumplirán 50 años de este libro que detalla toda nuestra provincia.
     Otros libros que me inspiraron son el Libro de Sigüenza de Gabriel Miró., un libro amigo. Y  para conocer nuestra historia son necesarios los de Vicente Ramos (Historia de la Provincia de Alicante y su capital), Adrián Miró, Miguel Signe… Para conocer Alicante y su provincia en multimedia recomiendo visitar la página Usuario: Rodriguillo en Wikipedia.
     Medios de comunicación: Existe un portal de noticias sobre el Vinalopó de gran difusión MONOVER.COM, dirigido por Luis Andrés, también se puede consultar estas singladuras con sus reportajes fotográficos en Pinoso Digital que dirige Jesús Berenguer; y  el portavoz de las noticias de esta zona es "Canfali El Semanal", con sede en Pinoso (Alicante) tiene una página final en inglés.  En Elda editan Valle de Elda. Radio Novelda. Televisión en Aspe.
    Otra forma de obtener información de la comarca del Vinalopó es visitando las página web de la Diputación de Alicante, que se negó a hacer un enlace con estas singladuras, pero así son los centro oficiales, prepotentes antes las iniciativas individuales o que ellos no pueden controlar.
    El orden de los pueblos comentados corresponde a las fecha de visitas.
    Después de seis meses que ha durado este singladura saco en conclusión que la gente de todas las edades del Vinalopó viven y trabajan para sus fiestas y desfiles de Moros y Cristianos, que  es, en realidad lo que les importa, vestirse de moro o cristiano en una fiesta de luz y color, en cuyos trajes de sedad y tisúes invierten verdaderas fortuna, y que no falta la pólvora ni los puros habanos cuando más grandes mejor.


                                                            EL AUTOR
                                                    Alicante, junio 2006/2016

La gente del Vinalopó son festeros pero no lectores.

viernes, 20 de mayo de 2016

Moros y Cristianos. ELDA. NOVELDA. PETRER, SAX, MONOVAR, ALGUEÑA, VILLENA Fotos de Esteve

Después de años visitando la comarca del Vinalopó, me he dado cuenta que su gente vive y trabaja todo el año pasar salir en los desfiles de Moros y Cristianos. Este es el fin de sus vidad: el espectáculo. Se gastan grandes sumas de dinero en sus traje de sedas y Tisúes, pero este es el fin supremo, como en Sevilla o en Málaga podrías ser vestise de nazareno. Verás que casi todos los hombres se dejan la barba para parece moros de verdad. Existe mucha competencia entre las comparsas, para ver quien luce mejor en los desfiles. Las fotografias son del escultor y fotógrafo Navarro Esteve de su Facebook:


















sábado, 23 de abril de 2016

Primer premio de lectura del Quijote en la Sede de la Asociación de Artitas alicantinos

Ayer tarde 22 de abril, en las lecturas que hicimos del Quijote en la Asociación de Artistas Alicantinos, me dieron el primer premio de lectura, por haber dramatizado el escena de los leones II Parte, capitulo. 17. El galardón ha consistido en una magnifica marina del pintor Carlos Bermejo.
La foto es del gran foltografo Julio Escribano que allí estuvo presente para inmortalizando con su cámara un acto para el recuerdo, sobre todo para los que nos consideramos cervantistas.
Ramón Fernández Palmeral

viernes, 1 de enero de 2016

Feliz Año Nueva 2016, a todo la gente tan laborioso del Vinalopó

Esperemos que este años nueño venga cargado de salud y de trabajo, así como armonía entre las familias y los pueblos de muncod, porque en definitva todos somos hermanos.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Emilio Castela Ripoll, hijo de alicantinos, su madre era de Elda. Fue presidente en la I República


Mª. Carmen García Tejera
Universidad de Cádiz (España)
Emilio Castelar y Ripoll nace en Cádiz el 7 de Septiembre de 1832. Sus padres, Manuel Castelar y María Antonia Ripoll, de ideología liberal, eran oriundos de Alicante. Habían contraído matrimonio poco antes de la Revolución de Riego —de quien eran amigos y acérrimos defensores. Pero cuando Fernando VII restauró la Monarquía absoluta, Manuel Castelar fue condenado a muerte y hubo de exiliarse durante siete años, algunos de los cuales transcurrieron en Gibraltar. Finalmente, en 1831, el matrimonio —padres ya de una niña— logra reunirse en Cádiz. Al año siguiente nacía Emilio.
La estancia de la familia Castelar en Cádiz fue tranquila y apacible. Manuel Castelar era agente de cambios y muy aficionado a la lectura y al estudio: su propio hijo —a quien pretendía inculcar su interés por la cultura— recuerda la biblioteca familiar como una de las mejores que existían en Cádiz, tanto por el número de libros como por la variedad de materias.
Pero en 1839, Manuel Castelar muere repentinamente: su hijo contaba tan sólo con siete años. La familia quedó sin recursos y hubo de trasladarse a Elda (Alicante), acogida por una tía materna. A partir de entonces, María Antonia Ripoll —la madre— se convierte en elemento clave para la formación del pequeño: pese a la penuria económica, decidió conservar íntegra la biblioteca de su esposo y llevar adelante los proyectos que éste tenía sobre su hijo. Es ella quien lo estimula a leer, hasta tal punto que —según confesaría Castelar más adelante— leía todo lo que tenía a su alcance, libros o periódicos; leía en todas partes, incluso cuando caminaba por la calle…
En 1845 inició sus estudios de Segunda Enseñanza en el Instituto de Alicante. Muy pronto, los profesores advierten la precocidad del joven Castelar que, con apenas trece o catorce años, traducía textos latinos con gran exactitud y además, con cierta elegancia expresiva. Ya por entonces se va perfilando su vocación: le entusiasman las Humanidades, pero apenas se interesa por las materias científicas. Realiza sus primeros (y desconocidos) tanteos como escritor: él mismo recuerda cómo componía novelas, folletos políticos, discursos históricos y meditaciones religiosas. Paradójicamente, quien años después iba a ser considerado como uno de los más prestigiosos oradores españoles, se declara "extremadamente tímido", hasta el punto de que fue el único lector de aquellos escritos juveniles que, apenas concluidos, se apresuraba a destruir.
En 1848 se traslada a Madrid y se matricula en la Facultad de Derecho. Dos años más tarde obtiene una plaza pensionada en la Escuela Normal de Filosofía, lo que le permite —con gran orgullo por su parte— atender a su manutención y a la de su familia. Comienza así su función docente, como profesor auxiliar de Literatura Latina y Griega, y de Literatura Universal y Española. Entre 1853 y 1854 obtiene el grado de Doctor con una tesis titulada Lucano: su vida, su genio, su poema.
Estos años universitarios constituyen el esbozo de su actividad oratoria y periodística: participa en algunos debates y publica artículos en algunos periódicos. Contó con el apoyo de un familiar suyo, el conocido orador Antonio Aparisi y Guijarro, de tendencia conservadora, razón por la que, años después, se enemistó con él. Hay que recordar, además, que entre los condiscípulos de Castelar había eminentes oradores y políticos: citemos, entre otros, a Antonio Cánovas y Francisco de Paula Canalejas. Con apenas veinte años, Castelar era un joven que —según sus propias palabras— profesaba un exaltado amor a la libertad (sin duda, herencia paterna) junto con un exacerbado misticismo, producto de la estricta educación religiosa que le había inculcado su madre.
Efectivamente, por sus orígenes familiares, Castelar se halla fuertemente vinculado al partido demócrata: un partido minoritario frente a los dos más arraigados entonces: el moderado y el progresista. Tras la Revolución de Vicálvaro (1854), y con objeto de replicar al Manifiesto de la Unión Liberal, el partido demócrata había organizado una reunión en el Teatro de Oriente madrileño el 25 de Septiembre de 1854, en el que se daría a conocer su propio Manifiesto que contenía una serie de peticiones consideradas como revolucionarias (igualdad de derechos y deberes para todos los ciudadanos, obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza, desamortización civil y eclesiástica). Las propuestas se discutían acaloradamente, hasta que un joven de veintidós años, desconocido, pidió la palabra y, tras presentarse como Emilio Castelar, comenzó así su intervención: "¿Queréis saber lo que es la democracia? […] Voy a defender las ideas democráticas si deseáis oírlas. Estas ideas no pertenecen ni a los partidos ni a los hombres; pertenecen a la humanidad. Basadas en la razón, son como la verdad, absoluta, y como las leyes de Dios, universales".
Podríamos decir que con esta intervención comienza la "biografía oficial" de Emilio Castelar. Su discurso fue interrumpido incesantemente con aplausos y aclamaciones: al día siguiente, toda la prensa reproducía sus palabras y se deshacía en elogios hacia el joven orador, al que se proponía como Diputado a Cortes, pese a no contar aún con la edad reglamentaria. Castelar se limitó a agradecer cortésmente tanto los elogios recibidos como los ofrecimientos de cargos y honores, pero dejó bien claro que "jamás abandonaría la causa de la libertad y de la democracia".
Castelar —que seguía dedicado a la docencia en la Universidad— no logró entonces el número de votos suficientes para ser Diputado, pero en cambio acrecentó su popularidad colaborando en periódicos: ese mismo año comienza como redactor en El Tribuno del Pueblo y en 1855, en La Soberanía Nacional. En 1855 aparece su primera novela, Ernesto, con ciertos rasgos autobiográficos, y al año siguiente, otra más, de carácter histórico: Alfonso el Sabio. El Bienio Progresista favorece una mayor libertad de expresión en la prensa: Castelar escribió en el recién fundado La Discusión, periódico de corte demócrata, entre 1856 y 1864.
En febrero de 1857 oposita a una Cátedra de Historia Crítica y Filosófica de España en la Universidad Central de Madrid, que obtiene por unanimidad. Su docencia se extiende también al Ateneo, donde ante un público más heterogéneo, desarrolla un ciclo de conferencias bajo el título de Historia de la civilización en los primeros cinco siglos del Cristianismo. Este año termina con dos acontecimientos trascendentales en su vida, aunque de signo bien distinto: de un lado, la publicación de su ensayo La fórmula del progreso, donde resumía algunos principios que configuraban su ideal de la democracia y que suscitó una fuerte polémica; de otro, el fallecimiento de su madre, circunstancia que le apartó de la vida pública durante algún tiempo.
En enero de 1860 reanudó sus lecciones en el Ateneo madrileño. En esta ocasión ataca duramente la actuación del Gobierno, sobre todo, a partir de 1864, el encabezado por Narváez. En 1862 había publicado La Hermana de la Caridad. También en 1864 funda y dirige el periódico La Democracia, cuyos artículos son multados y censurados continuamente. Uno de los que provocó mayor escándalo fue el titulado "El rasgo" (aparecido el 24 de febrero), en el que Castelar criticaba duramente y ridiculizaba las "donaciones" económicas que había hecho Isabel II.
Tras este suceso —y acusado de haber participado en revueltas universitarias—, el Gobierno de Narváez destituye a Castelar de su Cátedra. El apoyo de sus alumnos y de sus propios colegas culmina con unas manifestaciones estudiantiles que, duramente reprimidas por el ejército, se saldan con varios muertos y numerosos heridos: es la trágicamente célebre "Noche de San Daniel" (10 de abril de 1865). Como resultado, Alcalá Galiano muere fulminado por una apoplejía; los catedráticos de la Universidad Central dimiten para no tener que sustituir a Castelar y Narváez abandona el Gobierno. O’ Donnell, su sucesor, restituye a Castelar en su Cátedra y acalla las polémicas suscitadas por sus artículos. Castelar, fortalecido, se muestra cada vez más combativo y participa en los pronunciamientos progresistas de enero y junio de 1866. Salva su vida gracias al apoyo de Carolina Coronado y —paradójicamente— de la misma Reina, Isabel II. Pero es condenado a garrote vil y tiene que huir de España.
Comienza entonces un azaroso exilio de dos años (entre 1866 y 1868) que, pese al sufrimiento que le provoca el alejamiento de su patria, Castelar califica de "gran escuela". Durante este tiempo tuvo ocasión de recorrer varios países europeos (Francia, Suiza, Italia, Inglaterra, Alemania…) y de conocer a importantes estadistas, políticos, pensadores y escritores (Victor Hugo, Gambetta, Julio Simon…). Además, colaboró como corresponsal en los principales periódicos de Latinoamérica. El Siglo (Montevideo), El Monitor Republicano (México), La Nación (Buenos Aires), La Raza Latina… Estas colaboraciones le ayudaron a rehacer algo su maltrecha economía. 
El triunfo de la Revolución de 1868 ("La Gloriosa"), de signo progresista, le permitió regresar a España. A partir de entonces, participó más activamente en política: tomando como modelo las leyes democráticas de Norteamérica, quiso impulsar una reforma de los gobiernos monárquicos. En 1869 fue elegido Diputado a Cortes (primero, por Zaragoza y por Lérida; más tarde, por Valencia y por el distrito de Aracena): entonces fue cuando demostró verdaderamente sus dotes como orador parlamentario, con intervenciones que se recordaban como memorables: una de las más conocidas fue la polémica que mantuvo con el Canónigo Manterola (abril de 1869), en defensa de la separación entre Iglesia y Estado, y de la necesidad de poner fin al poder temporal del Papado. Entre 1870 y 1873 —durante el reinado de Amadeo de Saboya— Castelar se mantuvo en la oposición. En 1872 se habían publicado sus Recuerdos de Italia, libro de viajes en el que recoge muchas de sus impresiones de la época en que vivió exiliado en Roma. Y al año siguiente, además de una recopilación de sus discursos, una Vida de Lord Byron.
La proclamación de la Primera República lo sitúa en el poder: Figueras, el primer Presidente, lo nombra Ministro de Estado. Pese al reconocimiento de su valía como orador y político, es ésta una etapa particularmente dura en la vida de Castelar: consciente de los graves peligros que amenazaban a España (anarquía, insurrecciones separatistas…) fue capaz de renunciar a sus principios ideológicos y apoyar a un Gobierno que no era el de su partido. Como Presidente de la República (desde septiembre de 1873), actuó a menudo, no sólo en contra de su partido, sino de sus propias convicciones, a fin de conseguir para la nación la paz y el orden que tanto necesitaba: se le acusa, incluso, de comportarse como dictador cuando hace frente a los numerosos problemas que padecía España (crisis económica, conflictos internacionales, insurrección de Cuba…).
Las Cortes lo obligaron a dimitir el 2 de enero de 1874. Unas horas más tarde, entraba Pavía en el Congreso. La Primera República había terminado.
Tras el pronunciamiento de Martínez Campos y la Restauración de la Monarquía, Castelar se marcha de España, reside en París y viaja por otros países europeos. Publica con asiduidad: varias novelas (Historia de un corazón —1874—, Fra Filippo Lippi y Ricardo —ambas de 1878—) así como numerosos ensayos y discursos. En 1880 ingresa en la Academia de la Lengua y, al año siguiente, en la de la Historia. El 2 de octubre de 1880, formula en Alcira (Valencia) el programa de un nuevo partido político, el "Posibilista", de signo democrático. Siguió, además, colaborando con el partido progresista y, convencido de que España necesitaba en aquellos momentos, más que una República conservadora, una Monarquía democrática, aboga por el establecimiento de esta última, en contra —una vez más— de sus propias ideas y de su partido, al que pide, en primer lugar, que lo abandone a él y, luego, que se disuelva (Discurso del 7 de febrero de 1888). Continúa, incansable, escribiendo y viajando: en 1888 esboza un proyecto de Historia de España, que no llegará a completar, y en 1895, una Historia de Europa en el siglo XIX, también inconclusa. Viaja a París en dos ocasiones (1889 y 1893), y a Roma (1894), donde visita al Papa León XIII.
Cansado y enfermo, Castelar abandonó la política activa, aunque intentó volver a ella tras el asesinato de Cánovas (1897), presentándose como diputado por Murcia. Ese mismo año regresó por última vez a Cádiz, donde pronunció en el Casino un emotivo "Discurso de acción de gracias a Cádiz". El último año de su vida transcurrió entre Sax, Mondariz, Madrid y San Pedro del Pinatar, donde falleció el 25 de mayo de 1899. Seis días después, era enterrado en Madrid en medio de un gran clamor popular.
   
EMILIO CASTELAR: SINOPSIS DE SU VIDA Y OBRA
1ª Etapa: 1832-1854
  •  Nace en Cádiz. Tras el fallecimiento de su padre (1839), la familia se traslada a Elda (Alicante). Bachillerato en Alicante. Estudios universitarios en Madrid. Profesor en la Escuela Normal de Filosofía. Tesis doctoral: Lucano: su vida, su genio, su poema (1853-54).
2ª Etapa: 1854-1866
·        Discurso sobre la Democracia (Teatro de Oriente, Madrid, 25 septiembre 1854). Comienza su actividad pública. Colaboración en periódicos: El Tribuno del Pueblo (1854), La Soberanía Nacional (1855), La Discusión (1856-1864). Publica sus dos primeras novelas: Ernesto (1855) y Alfonso el Sabio (1856), y unas Leyendas populares (1857).
·        Catedrático de Historia Crítica y Filosófica de España (Universidad Central, 1857). Lecciones en el Ateneo: Historia de la civilización en los primeros cinco siglos del Cristianismo. Publica La fórmula del progreso.
·        Publica otra novela, La Hermana de la Caridad (1862, segunda parte de Leyendas populares). Funda y dirige La Democracia (1964): ataques al Gobierno de Narváez. Artículo "El Rasgo" (24 febrero 1864). Castelar es destituido de su Cátedra. Sucesos de la "Noche de San Daniel" (10 abril 1865). Gobierno de O’ Donnell: Castelar vuelve a su Cátedra. Participación en pronunciamientos progresistas (enero y junio de 1866). Condena a muerte y huida de España.
3ª Etapa: 1866-1874
·        Dos años de exilio (1866-1868): recorre diversos países europeos (Francia, Suiza, Inglaterra, Alemania…). Corresponsal en periódicos latinoamericanos: El Siglo, El Monitor Republicano, La Nación, La Raza Latina
·        Regreso a España (1868). Elegido Diputado a Cortes (1869): intensa actividad parlamentaria que se recoge en Discursos Parlamentarios en la Asamblea Constituyente (1869-1870) (1871) y Discursos Parlamentarios y Políticos en la Restauración (1871-1873). Otras publicaciones: Recuerdos de Italia (memorias, 1872), Vida de Lord Byron (1873).
·        Proclamación de la Primera República Española (1873): Castelar es nombrado por Figueras Ministro de Estado. Tras los mandatos de Figueras, Pi y Margall, y Salmerón, accede a la Presidencia (septiembre, 1873). El 2 de enero de 1874 las Cortes le obligan a dimitir. Fin de la Primera República.
4ª Etapa: 1874-1899
·        Restauración de la Monarquía (1874). Castelar se marcha a París y viaja por Europa. Numerosas publicaciones: Historia de un corazón (novela, 1874), Un año en París (memorias, 1875), Fra Filippo Lippi (novela histórica, 1877-78), Ricardo (1878), Ensayos literarios (1878).
·        Ingresa en la Real Academia de la Lengua Española (1880) y en la de Historia (1881). Presenta el programa de su nuevo partido, el "Posibilista", en Alcira (Valencia) (2 Octubre 1880). Aunque retirado de la política, continúa colaborando con el partido progresista. Nuevas publicaciones de Discursos (s.f., hacia 1880), Retratos históricos (1884), El suspiro del moro (leyendas y tradiciones, 1885), Galería histórica de mujeres célebres (8 vols., 1886-1889), Nerón (1891), Historia del Descubrimiento de América (1892) y una Historia de Europa en el siglo XIX (6 vols. Iniciada en 1895 y culminada, tras su fallecimiento, en 1901 por M. Sales y Ferrer).
·        Asesinato de Cánovas (1897): nuevo intento —fallido— de Castelar por regresar a la actividad política. Se retira a San Pedro del Pinatar (Murcia) donde fallece el 25 de mayo de 1999. Entierro en Madrid.
   
Fuentes consultadas para la elaboración de esta biografía
    
·        Alberola, G. Semblanza de Castelar, 1905.
·        Boada y Balmes, M. Emilo Castelar. Nueva York: 1872.
·        Castelar. E. Autobiografía y discursos inéditos. Prólogo de Ángel Pulido. Madrid: 1922.
·        González del Arco, M. Castelar: su vida y su muerte. Bosquejo histórico biográfico. Madrid: 1900.
·        Herrera Ochoa, B. Castelar. Madrid: 1936.
·        Jarnés, B. Castelar, hombre del Sinaí. Madrid: 1966.
·        Llorca, C. Emilio Castelar, precursor de la Democracia Cristiana. Madrid: 1966.
·        Sánchez del Real, A. Emilio Castelar. Su vida y su carácter. Barcelona: 1873.
·        Sandoval, F. De. Emilio Castelar. París: 1886.
·        Souto Alabarce, A. "Vida y obra de Emilio Castelar". Castelar, E. Discursos. Recuerdos de Italia. Ensayos. México: 1980.
  
Mª. Carmen García Tejera
Universidad de Cádiz (España)
(Noviembre de 2000)

Fragmento de un discurso de Castelar
Señores, nosotros no podemos ser ni cortesanos ni conspiradores. No podemos ser cortesanos de la fortuna, porque nos lo impide, además de nuestra conciencia y de nuestro deber, el culto a ciertas tradiciones, sin las cuales ni gobernamos ayer, ni gobernaríamos hoy, ni gobernaremos mañana, pues a ellas se encuentra estrechamente unido nuestro crédito en el mundo y nuestro nombre en la historia; y no podemos ser conspiradores, porque nosotros no nos gloriamos de tener el rayo del cielo en las manos ni de apercibir a cada demócrata una revolución a domicilio. Las revoluciones, males a veces necesarios, pero males siempre, no entran ni pueden entrar en el dogma de ningún partido; y nadie las admite ni rechaza en absoluto, porque ningún agente social depende, en el grado que las revoluciones dependen del poder de las circunstancias. Lo que yo digo es que organizar un partido para la revolución y no para la legalidad, me parece una demencia; y que hacer la fuerza de arengas exaltadas y de organizaciones violentas, a un partido como el demócrata de carácter puramente revolucionario, es dar muestra de una imprevisión que se paga, y muy caro, el día de la victoria. (Viva aprobación) . A quien me pregunte si voy a nacer una revolución, le miraré de arriba a abajo con extrañeza, y le alzaré los hombros, como si me preguntara si iba a hacer una tormenta: que no tengo en mis manos, señores, ni la atmósfera de la tierra ni el espíritu de la sociedad.

(Discurso de Emilio Castelar de 02 de octubre de 1880)